
Regresar no es volver... Lo que he acabo de hacer es mucho más... ¿Cómo puedo explicar que sigo odiando a muerte el tiempo y, sin embargo, tengo nostalgia de mis sensaciones...? ¿Acaso seguir odiando no es homenajear al propio tiempo? Pues no, porque cada día me encuentro más embadurnado de mediocridad, y lo único que me libera de semejante alambrada enganchada al cuello es la mirada de mi gente... Hoy, como es el primer día, no quiero hablar de las cosas que amo, ni de las que necesito... voy a ir de menos a más, como viniéndome arriba, y eso se consigue fácimente: un vino bueno - o ron añejo, como casi yo.. sin boquerones, que distraen al rioja...-, la ventana mirando la noche, una oración breve, la sonrisa dispuesta para desnudar las luces amarillas que se extienden en el firmamento de sueños que se disponen al descanso, y ver cómo las fuerzas van muriendo, lentamente, hasta ti... Y sentir que estos muchachos duermen unos junto a otros, con la misma ropa, con la misma cena, con el mismo suelo, pero distinto techo... la noche, el otro firmamento, el de sueños inacabados que siempre, absolutamente siempre, arrancan de la necesidad de ternura. Y, luego, cada cual, volando en dirección a sí mismo, sin más rumbo que la ausencia, sin más equipaje que su corazón, sin más destino que una brizna de amor... Y yo, aquí, embadurnado de más mediocridad, deseando con todas mis fuerzas que el tiempo siga sin existir para me arranque en un instante de este puto invierno y me ponga a su lado... regalarles una navaja multiusos para que se rifen degollar el cordero de bienvenida y, sobre todo, compartirlo, compartirlo todo, la suciedad, la letrina, la lumbre de la madrugada y el olor a persona, ese olor que tan pocos pueden disfrutar, sólo los pobres, los miserables, los que no entienden que son lo contrario de otra cosa que está viendo esta foto y dicen ¡qué colorido...! pero ni huelen la mierda, ni repiran el sudor, ni se pringan de sangre del cordero y, sobre todo, que no comen el cordero, sí, el de Dios... el que quita el pecado del mundo... Y yo cagándome en todo porque sé que me están llamando... y me sobra silencio para estar a su lado, este silencio amarillo que anestesia los cansancios de todos los que tengo delante, en sus bloques de sueños, creyendo que están en crisis... Y de esa luna llena que, detrás, avisa y advierte que esto no es tiempo sino vida, que esto no es vida sino existencia... Que la pasión de hoy sólo es hoy...
Fijaos si esto es nuevo, de na menos que ahora, que se lo dedico a dos personas: una que vive aquí, al lado, que vive para sembrar azucenas en un jardín imaginario de sueños de madera, y otra, un amigo, creo, que estaba hablando conmigo hoy y, de repente, me dice: "Paso..." se da media vuelta y se va dejando la huerta sin regar... Y el sanedrín en pelete, no el de los niños, que ése es otro...