miércoles 14 de marzo de 2012

Sigo regresando. Esta vez le dedico mi reflexión a los amigos y amigas de la librería Taiga. Para ello he robado del archivo de fotos robadas la de este librero callejero, viejo amigo ya, Heiba ould Brahim quien, cómodamente sentado a la puerta de su imperio se interesa, bien lo sé, por un tema que le apasiona: Un cambio climático en el alma de los pobres que, casi a miles de distancias en cualquier dirección, puede alterar el ritmo frenético de su existencia. Suerte que, en breves instantes - se ve por el rictus de impaciencia esbozado en el rostro de Heiba...- su lectura será interrumpida por la degustación del té a la menta que su siempre amigo Bachir, justo a la izquierda de la foto, prepara, absorto en una meditación que sólo Alá y yo conocemos. El libro en cuestión, no es difícil de comprobar por el color de sus hojas, se titula " Las mujeres que sueñan son peligrosas..." y está escrito por un colega del círculo de amigos de la librería, llamado, -no podía ser otro...- Amnir el Kadi. Es una librería bien situada, justo en el carrefour que entronca dos de las avenidas más importantes de la ciudad, lo que atrae, sin duda, a una especial confluencia de nómadas urbanos que, de paso, acuden a disfrutar de un vaso de té y escuchar la música - la otra gran afición de Heiba-, que hace vibrar a la concurrencia desde primera hora de la mañana. Se aprecia en la foto el bafle colocado abajo a la izquierda, con el enganche a la batería de coche que, bien disimulada, está colocada detrás de la estantería, arriba a la izquierda. Esta vez se escucha el concierto que Pat Metheny, a quien Amnir cita en el libro, celebró en el último Festival de Música del Desierto. Espectacular. Ayer sonaba, para encanto de la tertulia, el disco que Keith Jarrett grabó en su última gira africana. Esto, claro, hace que la vida de la librería esté más animada. Heiba se está planteando poner escaparates temáticos porque considera importante desarrollar iniciativas para atraer vocaciones lectoras desde el eco silencioso del desierto, cosa nada fácil, teniendo en cuenta que las preferencias literarias del nómada están escritas en las nubes, en las maravillosas formas de las dunas y en los susurros cálidos de la brisa al atardecer. Heiba quiere que su librería sea encrucujada de sueños, de los que proyectan sus vibraciones sobre el papel y los que las buscan... Lugar donde se concentren esos sueños en figuras de papel amaestrado con formas increíbles, con títulos que expresen sensaciones inexpresables... y, lo mejor de todo, con el anhelo dispuesto para crecer y conseguir que su librería sea la mejor de todos los límites del desierto... Y tener trabajadoras que, con una sola mirada, seduzcan al lector allá donde la mirada de éste dirija su rumbo, como habiendo salido de sus aventuras, con la belleza de sus paisajes y envueltas en una mágica atemporalidad... Así no se cansarían y no tendrían que estudiar ni pasear perros luminosos ni escribir tratados sobre la mentira ni nada de nada cuando cerrara la librería o, mejor, para no cerrarla nunca... El problema llega cuando el propio Heiba piensa en sí mismo y, quizás, a veces no cae en que es un hombre bueno, que le cae genial a todo el mundo, que hace descuentos, que es un profesionalazo que si se tiene que ir a buscar un papiro al fin del mundo lo consigue...
Y, sobre todo, que es humilde... justo el tipo de persona que necesita una librería en el límite del desierto.

Esta noche he pasado por la librería y, aunque todo estaba a oscuras, me he acercado porque he creído escuchar una música especial, como el eco que salía de un concierto en los sótanos mágicos de Taiga...
Chic Corea, Pat Metheny, Keith Jarrett y Chet Baker jugaban una partida a improvisar tonos para el poema que, un día Heiba escribirá a Alberto... Cosas de libreros.

viernes 9 de marzo de 2012


Regresar no es volver... Lo que he acabo de hacer es mucho más... ¿Cómo puedo explicar que sigo odiando a muerte el tiempo y, sin embargo, tengo nostalgia de mis sensaciones...? ¿Acaso seguir odiando no es homenajear al propio tiempo? Pues no, porque cada día me encuentro más embadurnado de mediocridad, y lo único que me libera de semejante alambrada enganchada al cuello es la mirada de mi gente... Hoy, como es el primer día, no quiero hablar de las cosas que amo, ni de las que necesito... voy a ir de menos a más, como viniéndome arriba, y eso se consigue fácimente: un vino bueno - o ron añejo, como casi yo.. sin boquerones, que distraen al rioja...-, la ventana mirando la noche, una oración breve, la sonrisa dispuesta para desnudar las luces amarillas que se extienden en el firmamento de sueños que se disponen al descanso, y ver cómo las fuerzas van muriendo, lentamente, hasta ti... Y sentir que estos muchachos duermen unos junto a otros, con la misma ropa, con la misma cena, con el mismo suelo, pero distinto techo... la noche, el otro firmamento, el de sueños inacabados que siempre, absolutamente siempre, arrancan de la necesidad de ternura. Y, luego, cada cual, volando en dirección a sí mismo, sin más rumbo que la ausencia, sin más equipaje que su corazón, sin más destino que una brizna de amor... Y yo, aquí, embadurnado de más mediocridad, deseando con todas mis fuerzas que el tiempo siga sin existir para me arranque en un instante de este puto invierno y me ponga a su lado... regalarles una navaja multiusos para que se rifen degollar el cordero de bienvenida y, sobre todo, compartirlo, compartirlo todo, la suciedad, la letrina, la lumbre de la madrugada y el olor a persona, ese olor que tan pocos pueden disfrutar, sólo los pobres, los miserables, los que no entienden que son lo contrario de otra cosa que está viendo esta foto y dicen ¡qué colorido...! pero ni huelen la mierda, ni repiran el sudor, ni se pringan de sangre del cordero y, sobre todo, que no comen el cordero, sí, el de Dios... el que quita el pecado del mundo... Y yo cagándome en todo porque sé que me están llamando... y me sobra silencio para estar a su lado, este silencio amarillo que anestesia los cansancios de todos los que tengo delante, en sus bloques de sueños, creyendo que están en crisis... Y de esa luna llena que, detrás, avisa y advierte que esto no es tiempo sino vida, que esto no es vida sino existencia... Que la pasión de hoy sólo es hoy...
Fijaos si esto es nuevo, de na menos que ahora, que se lo dedico a dos personas: una que vive aquí, al lado, que vive para sembrar azucenas en un jardín imaginario de sueños de madera, y otra, un amigo, creo, que estaba hablando conmigo hoy y, de repente, me dice: "Paso..." se da media vuelta y se va dejando la huerta sin regar... Y el sanedrín en pelete, no el de los niños, que ése es otro...