viernes 6 de noviembre de 2009



Tienes razón, Kasir, una sucesión de sombras viaja incansable a través de lo cotidiano dejando, si acaso, siluetas confusas con formas de instantes que se impregnan en el alma a golpes de sensaciones... y nada más, nada más, hermano, que por fin has aprendido que el peor enemigo del alma es la memoria. Esa memoria agujereada, rasgada, violentada por las incertidumbres, por los miedos, por la ansiedad de poseer, de desear, de desearlo todo, de acumular rencores de esos que no se olvidan para así hacerte, según dicen, más fuerte... Es, en efecto, increíble, sentir cómo se encadenan las frustraciones hasta impedir la respiración. Y el alma necesita respirar, sí, respirar aire puro de recuerdos limpios de tiempo, que eso es la eternidad, hermano, la vida del alma limpia entrelazada con el Espíritu de tantos que te ayudan a caminar desde su sombra, desde su luz, desde el cielo del silencio en tu oración, desde el vacío... que nunca antes el vacío y la soledad te han sido tan necesarias... que te conozco, que para ser tú has necesitado tormentas voraces de horas sin nadie en la mirada, sin cercos en la arena, sin aromas ni vientos de colores, y ahora, ahora más que siempre, sabes que ahí estamos, Nicolás, Carlos, yo mismo, que ahí está el Padre, que ahí está la Vida, que ahí estamos todos observándote, unos metros detrás-encima-debajo de tu sombra, abrazados al imperceptible anhelo de que no desees nada que no sepas no poseer... Así te queremos, por eso, aunque no sea el más indicado para jugar al tiempo, estoy contento de viajar a tu lado, de vivir la presencia interminable, la ausencia de recuerdo, si no no sería yo, que mis pies no son de barro, ni de madera, ni se besan... que estoy en el camino, que no soy ni más ni menos que nadie, que, como tú, sólo quiero que me quieran los astros, el agua, el Ser, los salmos, la Luz, el amor... todo lo que no tiene memoria, traicionera memoria que le roba brillo al vacío, a la existencia... Y si las heridas de mis pies escuecen, sé que también a ti también te duelen los desprecios pero, tranquilo, te aseguro que, a veces, ni tu sangre eres tú... que no te pertenece, que desangrarme fue mi liberación, así tu sangre volverá a ti como el jilguero del jardín viene a beber de tu presencia inmóvil, de tu soledad, de tu plenitud...
...Que hoy, ahora, sólo somos cálida melodía de nubes lloviendo copos amarillos de otoño...
Un abrazo, hermano. Por cierto, también tienes razón, -aunque otro día hablaremos de la razón- ese Ojeda a quien dedicamos este texto, es un hermoso regalo de la Vida en nuestra vida, ¿verdad?...



miércoles 21 de octubre de 2009

"Siento el eco de su aliento al ritmo cálido de latidos invisibles que, como pasos en el sendero de mis venas, conducen mi destino hasta lo eterno".

domingo 18 de octubre de 2009

"En el silencio y en la esperanza
estará vuestra fortaleza...".
(Is. 30, 15)

martes 22 de septiembre de 2009


No te inquietes, Kasir, yo estaba allí y comprendo perfectamente que hay situaciones en que cada cual ve las cosas de distinta manera. El horizonte es diferente para cada persona y el firmamento sólo es un espejo que refleja las sensaciones que brotan del corazón. No puedes permitirte el lujo de perder la concentración. Irritarse de vez en cuando no es malo cuando se está seguro de sí mismo; otra cosa es no confiar en las propias fuerzas... Las dificultades, sobre todo las que no proceden de ti pero se cruzan en tu camino, sólo existen para ser superadas; es el momento de profundizar en tus propias creencias. Toma tiempo para que se recubran de sensaciones y verás cómo todo vuelve a la normalidad. Si a la vuelta del ascenso a un ochomil te tropiezas con el escalón de la puerta de tu casa y te rompes una pierna el responsable no es la montaña, ni el cansancio, ni quien te espera: eres tú, sólo tú, por no estar atento. Por eso a veces hay que mirar el horizonte más próximo, a continuación el siguiente horizonte y después el de más allá, así obtendrás la visión certera de aquello que ocurre en cada momento. Siempre has sido así. En el fondo sé por qué estás triste, no porque acabas de descubrir que lo más importante de la existencia es el amor y el perdón, eso ya hace que lo sabes... sino que lo contrario del amor no es el odio sino la indiferencia, y eso desprecia el profundo valor del perdón... Nadie sabe que eso es, realmente, lo que te preocupa, y ahí es donde debes centrarte, en aceptarlo; todo lo demás es un anecdotario fugaz. Lo que me tranquiliza de ti es la cualidad altamente eficaz y sincera de hacer, a cada momento, limpieza de tus espacios interiores. Ahí tienes suerte porque creo que es lo que marca la diferencia entre unos y otros: la manía de amontonar residuos sobre las espaldas de lo cotidiano; claro, hay cuerpos que parecen cloacas malolientes porque van acumulando y acumulando sin darse cuenta que, muchas veces ni siquiera hay que detenerse en querer tener razón; justificarse en una pérdida de tiempo porque ni siquiera eres consciente de haberte equivocado, así que vuelve sobre tus escritos, o los míos, y relee lo del perdón. Eso te salva, granuja, que no te avergüenza la desnudez del perdón frente al desgaste del rencor tóxico. Como estrategia puede estar bien pero como liberación íntima y noble mucho mejor. Gracias por tu sinceridad. Yo también sé lo que es equivocarse y, cuando creía que lo estaba haciendo mejor, van y me desaparecen... Por eso me gusta esa foto, me siento detrás, no precisamente de los horizontes, sino en la luz... Nos vemos.


jueves 10 de septiembre de 2009




No nos engañemos, Kasir, tú me necesitas y yo también te necesito, pero cuando digo las cosas es por algo; además, del mismo modo que en algunos momentos de esos que tienes la lengua suelta te pones a dibujar tu pasado en las paredes del alma de quien te escucha, también debes aprender a ser consecuencia de todos eso que predicas. Es cierto que me siento bien a tu lado, que estamos bastante compenetrados en los momentos importantes del día, pero este juego de la existencia depara sorpresas permanentes e inesperadas que ponen en evidencia la pericia de cualquiera para resolver las situaciones más diversas. Sabes muy bien por qué te digo esto: porque la mejor manera de utilizar la estrategias para mantenerse atento pasan por ser uno mismo y, lo más importante, por unir nuestras manos y nuestro espíritu siempre que sea necesario. A ver, entonces, de dónde se sacó el compañero Lucas estas palabras... Medítalas, luego me dirás si hay que estar en todo o no...


"... A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien , ¿qué merito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros. (Lucas 6, 27-28).

Increíble, ¿no? Pues no; ahora vas y................................................. sé tú, seamos juntos. Un abrazo.



viernes 21 de agosto de 2009


Hola, Kasir, hace días que quería hablar contigo pero, entre unas cosas y otras, se te ha echado el tiempo encima y no has podido atenderme. No te inquietes, espero, es lo que tenemos los que no dependemos del tiempo para vivir... Algún día lo entenderás. De momento quería decirte dos cosas: la primera, que te felicito por ese "master" en el que te has inscrito. No sé si serás capaz de sacarlo, es verdaderamente difícil, muy difícil, pero sé que llevas años queriendo hacerlo, casi desde que decidiste hacer aquel curso de analfabetización que, por cierto, tampoco fuiste capaz de aprobar... menos mal que lo importante no era la nota en sí sino reconocer la necesidad de hacerlo... ahí estuviste bien. La segunda cosa que quería decirte, considerablemente más seria es, también, felicitarte por esa carta que has escrito a Midsa Koulibaly. Me ha parecido un mensaje cálido y sensible, propio de quien busca limpieza de corazón... Ahí va

Carta a Midsa Koulibaly:

Querido Midsa: Es verdad que no me conoces, hoy, cuando empiezo esta carta, pero tal vez algún día, cuando la tengas en tus manos, además de conocerme, sabrás por qué te has convertido para mí en el símbolo más puro de amor y perdón -en su doble vertiente de perdonar y ser perdonado- que nunca he conocido. Te preguntarás entonces que si se puede perdonar sin ofensa, que si alguien puede ser perdonado sin ofensa, que si se puede amar sin conocer...

En este momento, amigo, no sé si llorar de alegría o llorar de profunda tristeza, con esto te lo digo todo... En este momento siento que la tierra te ha llamado a vulnerar todas las leyes de la materia, las que tu madre ha regalado generosamente al destino pues, desde hoy, te alimentarán la leche de la compasión y las lágrimas de leche de la esperanza de tantas personas que te harán suyo...

En este momento en que Aminata, tu madre, ha cerrado los ojos instantes después de que tú los abrieras, se cumple el designio más extraordinario de la vida: tu mirada será doblemente profunda y todo lo verás con los ojos de la protección, que será el estigma de tu vida hacia tantos que te necesitarán... Verás los soles y los cielos y los fuegos y la miseria con los ojos del alma de Aminata, y siempre sonreirás cuando esos tantos se lamenten...

En este momento te aseguro, querido amigo, que buscaré con ahínco, pero con humildad, la explicación más sencilla para hacerte comprender que eres eternidad desde el día de tu nacimiento...

En este momento, que miras por todos lados en busca del rostro de la certeza, el de la seguridad, el del amor, sin comprender que todo eso está fluyendo por tus venas porque así estaba escrito en las páginas de la vida de este día antes que la sangre fuera sangre, te pido permiso para escribir en mi diario que, aún, no he decidido si estoy llorando de alegría o de tristeza, que cuando lo descubra te lo haré saber, seguro, pero, sobre todo, sabrás que he conocido a una persona maravillosa que me ha hecho descubrir que el verdadero cordón umbilical es el que nos une con el firmamento, que somos Dios, antes y después de ser, y que vivir sólo es un pequeño regalo con forma de vida para agradecernos la oportunidad de descubrir en quien nos mira el rostro de la profunda Misericordia... Un abrazo. Kasir.

lunes 17 de agosto de 2009


Decía Borges que "el olvido es un estado profundo de la memoria", y tenía razón, además yo mismo se lo sugerí; y es que hay sensaciones que descansan, duermen, nunca abandonadas ni postergadas, tal vez sólo apartadas... Luego, cuando fortuita o providencialmente regresan, no vienen enmarcadas en la silueta con que se fueron sino que regresan con otro brillo, con otra intensidad diferente, y se aprecian de otra forma. Así, por ejemplo, nos ocurre con la amistad; sabes lo que sientes pero vas dejando que otras circunstancias, como el hastío, se apoderen de la sensación inicial hasta que cambia de habitación en tu alma, vamos, que se te olvida... Sí, Kasir, es así. Ya sé que estás pensando ahora en tu amigo el pianista. Has perdido el contacto con él y, sin embargo, sabes muy bien que en determinados momentos, cuando el clima del concierto mezcla los tiempos y no sabes si es noche o madrugada, si es soul, incomprensión, blues, o el mismo destino trazado en partituras sin clave, aparecen notas sembradas de incertidumbre, buenos momentos, de esos que no se olvidan aunque sean fruto de la improvisación... No hay contacto físico pero estás convencido de la certeza de la conexión y le dices a Borges que nunca entendió que renunciar a algo hace del silencio el tránsito a la claridad más elocuente; vives, sientes... ¿Para qué más? ¿Qué es, si no, la huella del amante, de la amante, en el alma? ¿No será ese sudor que nunca se congela, ni en los rincones más ocultos de nuestra periferia emocional para renacer siempre vivo en cualquier inesperado momento...? Tranquilo, Kasir, que no hay prisa, que impacientarse nubla los claroscuros de la melodía, de esa melodía que, paradójicamente, se escucha mejor cuanto más lejos estás... Tranquilo, Kasir, que la brisa fresca del tiempo refresca cuando menos lo esperas, sin prisas. Por cierto, recuerda aquella dedicatoria en la carátula de un disco de Cachao: "Para el viejo Kasir, de alguien con quien tanto compartió pero con quien nunca vivió...". Tranquilo, que la amistad no se mide por la complicidad, ni por el grado de confianza, ni por los espacios compartidos, ni por la influencia ejercida, ni por la sangre, -que hasta la biología es mentira- ni por la teoría del caos, ni por la de la sicronicidad... que se mide por la soledad y el silencio que, de ser, es otro rostro del alma. Por cierto, te equivocas al sentirte despreciado, eso es porque quieres un protagonismo que no necesitas. A un amigo, sin embargo, nunca se le desprecia. Eso es lo único que Dios no perdona mientras uno mismo no lave ese rostro de su propia alma. Nos vemos, bueno, ya seguiremos.